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jueves, 16 de mayo de 2013

How to Steal a Million (1966)


Debo --quiero-- confesar una cierta debilidad por la siguiente pieza del profeta de la edición invisible, William Wyler, pero es que se trata además de un film demasiado subvalorado pese a todo (incluida su estima). La hija (Audrey Hepburn) de un talentosísimo falsificador de obras maestras de la pintura (Hugh Griffith) persuade a un criminal de guante blanco (Peter O’Toole) para que la ayude a robar una invaluable Venus supuestamente esculpida por Cellini y en verdad también falsificada por su reincidente progenitor --a quien hay que reconocer desde ya la infrecuente virtud de la versatilidad. No es sólo el elenco uno de impecable nota (O’Toole y la en otras ocasiones edulcorada Hepburn funcionan juntos y por separado, Griffith no desperdicia un segundo sus dotes carismáticas y también están Eli Wallach y Marcel Dalio como obsesos coleccionistas), sino que la producción luce cada dólar de su presupuesto en un diseño sorprendentemente casi devoto y mimético --sin nunca llegar a los extremos geniales y espirituales de una Moulin Rouge (1952), por supuesto, que la película de Wyler es sólo una delicia conscientemente trivial--, donde el arte magno de todos los tiempos (Goya, Renoir, Picasso, Degas, Gauguin, etc.) recibe un homenaje tangencial pero innegable e inevitablemente inspirador: su contenido, desde los créditos iniciales hasta ese riquísimo museo-escenario-del-crimen de evidente estirpe keystoniana, es una total falacia creativa. How to Steal a Million debe ser reconocida, pues (y por lo menos), cual una comedia de fino empaque, escrita con ingenio y dirigida con elegancia modélica por uno de los auténticamente grandes realizadores del cine clásico americano.

Audrey y su descubridor, Wyler, durante el rodaje

viernes, 26 de octubre de 2012

The Cowboys (1972)


John Wayne, la peluca gris y la experiencia coloreando de verdad cada uno de sus planos, es un ganadero entrado en años que siente el impulso vital necesario para contratar a un montón de niños quinceañeros o de menor edad como arrieros, en una jornada de días y noches que probará de qué están hechos todos los involucrados. Como la cascabel venenosa, rastrera, de mordida anunciada pero traicionera, un heraldo negro del oeste, Bruce Dern firmó su propia sentencia como uno de los villanos más odiados de la historia de las películas. Y John Williams, uno de los más amados compositores de música para el ecran de plata, plasma en virtuoso pentagrama toda la emoción y filosofía de una aventura simple, humana y homérica.


domingo, 4 de julio de 2010

Superman (1978)



Superior a su trabajo en Star Wars, estrenada un año atrás, la música escrita por Williams para esta adaptación del cómic de superhéroes por antonomasia es un hito y una referencia obligada.