lunes, 29 de abril de 2013

The Fearless Vampire Killers (1967)

2 razones

Antes de filmar la excelente novela de terror satánico --valga cierta redundancia-- Rosemary’s Baby para el productor americano Robert Evans, Roman Polanski rodó en Inglaterra, Austria e Italia esta comedia muy propia sobre vampiros que, claro, sólo podía ser diabólica. No la había vuelto a ver desde los días de mi niñez, cuando me impresionó tanto, y de hecho los resultados transmiten inmediatamente una ingenuidad conscientemente tonta, de modo que no es nada sorprendente que una audiencia más o menos infantil pueda ser el inesperado objetivo de un film que, por otro lado, no traiciona su raigambre y obviamente contiene el sexo en particular y el pecado en general legítimos de su especie. A destacar, pues que no a sacar la estaca debidamente clavada a nadie (que estos cazavampiros son los campeones de la ineptitud), además del estrambótico profesor Abronsius (Ambrosio, para el niño que alguna vez la vio) y la adecuadamente pelirroja e idealizada Sharon Tate, las sumamente tentadoras turgencias torácicas --y de otras partes también, que estamos hablando de una bella mujer-- de aquella naturalmente fatal rubia Fiona Lewis (sobresaliente, incontenible en su personaje de criada de taberna), y, en especial, las macabras armonías del pentagrama de Krzysztof Komeda, toda una orgía de horror para el oído.

domingo, 14 de abril de 2013

The Naked Kiss (1964)


Samuel Fuller era un narrador de raza*. Escritor, director y productor cinematográfico, se curtió inicialmente en el periodismo reporteril (lo que dotó a su obra de una profunda inmediatez) y después en el arte de la novela pulp (lo cual, a su vez, le instiló la capacidad para manipular el sensacionalismo de la ficción con particular maestría). Además, como Hemingway, vivió la experiencia liminar de la guerra, de la cual dejó un testimonio crucial. Entre mis cintas favoritas se cuentan algunas de las piezas más características (por logradas) de su carrera --Pickup on South Street, The Big Red One, White Dog--, trabajos sumamente valiosos que ensanchan los márgenes del cinema en cada visionado; y, sin embargo, Fuller no es uno de mis realizadores predilectos: a diferencia de Kubrick, por ejemplo, encuentro su personalidad un tanto demasiado dispersa para hacer de su filmografía una coherencia autoral más allá de los géneros y/o las apuestas de estilo; o, simplemente, no sabe conectar conmigo de la forma íntima, contundente en que un Kubrick sí (y uso el ejemplo del autor de Full Metal Jacket conscientemente: de ningún modo ha sido Fuller tan influyente ni parangonal, como algunos arguyen). De todas maneras, su legado --pese a una apreciación de su figura que, como he apuntado, no comparto, en los círculos más contradictoriamente esnobs/pedantes y reivindicativos de la cinefilia-- es innegable. La siguiente es otra prueba: su elegante y humano melodrama, apuntalado por la indefensión de la inocencia, acerca de una prostituta (Constance Towers) que llega a una pequeña comunidad urbana huyendo de su pasado, sólo para continuar su travesía de descubrimiento de un mundo fundado en la falsedad, la hipocresía y la inmoralidad como ceguera práctica, gracias a la cual se puede convivir con la propia cuota de monstruosidad. Sensacional proeza cuyo indescifrable suspenso asciende casi soterradamente de escena en escena, sobre un montaje entrecortado e instintivamente inquietante, desde los planos mismos de probablemente una de las más sutilmente violentas, provocadoras secuencias de apertura jamás fotografiadas.


*El crítico Andrew Sarris lo calificó, a todas luces elogiosamente, de “primitivo”, adjetivo que Fuller (sorprendentemente o no) recibió con perplejidad más bien negativa en su momento.     

jueves, 28 de marzo de 2013

L'eclisse (1962)


Después de Professione: reporter (1975), mi película favorita de Antonioni (uno de los más grandes de Italia y el mundo) es, probablemente, esta atmosférica historia de desencuentros existenciales y metafísicos entre las soledades insólitas de Monica Vitti (sensual musa y novia del realizador) y el absurdamente bello Alain Delon, un corredor de bolsa que desde siempre me hizo preferir la escena bursátil romana (mucho más espontánea, natural en su zafiedad) a la descrita por Oliver Stone en la fabulosa Wall Street (1987). Sorprendentemente (o no), L’eclisse, que además cuenta con una inmediatamente pegadízima, irresistible canción ya en los títulos de crédito a cargo de una lozana, yeyé Mina (cuya confirmación vocal sería el "Se telefonando" de Ennio Morricone, en 1966), no fue nada popular en el momento de su estreno, obteniendo galardones como el Premio Especial del Jurado en Cannes muy a pesar del público.

lunes, 25 de marzo de 2013

La muralla verde (1970)


Insólita producción del Perú, esta cinta con título poético --referencia a la vegetación montañosa que cerca a la pareja protagónica en su viaje iniciático-- cuenta efectivamente en clave lírica la trágica historia de un matrimonio que se traslada, junto con su hijo recién nacido, a la selva de Tingo María para vivir como colonos. Abstracta y sin embargo humana, se trata de un cine bastante sorpresivo en su planteamiento y sus resultados. El trabajo de cámara, en primer lugar, es realmente notable --anticipa a veces el de los films de Terrence Malick--, el guión no se contenta con la pura poesía y teje una digna trama, los tres actores protagonistas rinden satisfactoriamente dentro del contexto (muy en especial Julio Alemán), y el exquisito leitmotif musical está bien aprovechado.

martes, 12 de marzo de 2013

The Girl Next Door (2004)


Significativamente menos trivial de lo que aparenta --no obstante sus brillantes y nada infrecuentes ramalazos de oscuridad--, esta fantástica (en la acepción más hormonal del término)  e iconoclasta comedia teen de principios de siglo posee varios puntos de interés en cuestiones indiscutibles como las que pasamos a discutir: 1. Una voluntad de revisionismo que, desde su arranque, provoca una mirada excepcionalmente realista sobre la high school cual institución infiltrada, observada desde dentro aunque sea en demasiado fugaces vistazos de evocación libre de nostalgia fantaseadora o glamourizante --considérese a las irredimibles figuras de los atléticos bullies de la clase, sin las concesiones que empañan aun a las mejores piezas del género (en su mayoría chick flicks y derivados). 2. Un protagonista, Matthew Kidman, que desciende de Benjamin Braddock, con stop obligado en la casa de Joel Goodsen, y en el cual los clichés de la perspectiva masculina sobre estas materias no se pierden en una lejanía conservadora --acaso gracias a, también, la influencia (indirecta) de Dirk Diggler, e incluso un punto del roller coaster de True Romance-- y entonces sí pervertidora. No olvidemos, sin embargo, la naturaleza romántica del asunto. 3. Una realización ligera pero subjetiva y finamente atenta, entretenida sin dejar de ser consciente, irónica e incluso aleccionadora. Un elenco como cohetes en un tablero de lanzamiento: Emile Hirsch y Elisha Cuthbert en sendas revelaciones estelares --el primero (un Tom Cruise para la nueva generación, muchos dirán que superior en talento) sería luego el excelente héroe de la memorable Into the Wild, la segunda incorpora un reflejo armónicamente distorsionado de Rebecca De Mornay en Risky Business--; Timothy Olyphant como un peligroso productor de cine porno, el después ocasionalmente sobreestimado Paul Dano, un añejo Timothy Bottoms recuperado de The Last Picture Show. 4. La notable ausencia de una vocación esperadamente escatológica en un guión maduro que logra socavar las reglas, y, en el ínterin, lucir imaginación y fluidez tanto en su humor como en su acumulativo hilo narrativo. 5. El soundtrack --songtrack y score-- no es precisamente original (las referencias o alusiones a The Graduate y Boogie Nights sólo se extienden en este apartado), al igual que el subversivo argumento, coherencia oportuna que el espectador melómano puede volver a constatar complacido:

jueves, 28 de febrero de 2013

Purple Rain (1984)


Más que una simple vitrina para el lanzamiento de su artífice o inclusive una película musical, esta autobiografía ficticia de uno de los artistas pop más singulares de su generación continúa desbordando feeling y soul a través de una estética audiovisual que aun ha influenciado la de otros artistas --v.g. el Nicolas Winding Refn de la sensacional Drive (2011). El genio y figura de Prince no necesitan mayor presentación, y una pista de sonido con temas tan devastadores como "When Doves Cry" e interpretaciones tan intensas como la de la canción titular habla por sí misma (aunque no esté de más recordar su Oscar al Mejor Song Score ni su más reciente nominación como el Mejor Album del último cuarto de siglo por Entertainment Weekly).


miércoles, 20 de febrero de 2013

Silver Linings Playbook (2012)


Una formidable comedia dramático-romántica es lo que nos ofrece en esta oportunidad David O. Russell, después de su aclamado drama boxístico The Fighter (2010). Apta historia de problemas psiquiátricos, familias disfuncionales y relaciones interpersonales en constante peligro de crisis, su protagonista es Patrizio (Bradley Cooper), un hombre joven que acaba de salir del hospital bajo observación policial y con la prohibición de acercarse a su esposa, a quien sorprendió en pleno adulterio pero es todavía el objeto de su confusión afectiva. En su camino --o, acaso mejor dicho, en su ruta de jogging--, así como aquel evento excepcional e inesperado lo transformó negativamente, una muchacha sumamente especial lo acosará súbitamente y no tardará en cambiar su vida para siempre. Dotada de una realización brillante sostenida por un férreo guión, esta merecidamente favorita de la presente temporada de los Oscars exhibe además la a lo menos espectacular interpretación de la nominada Jennifer Lawrence, el retorno de De Niro a la contienda actoral y un delicado, idiosincrático score cortesía de Danny Elfman.