Exhaustivamente protagonizada por un consagratorio Robert Pattinson, la distópica cinta de David Cronenberg confirma la versatilidad de registros del veterano realizador canadiense: fotografía descarnada, banda sonora austera y puesta en escena hermética, entre otros signos estéticos de nota, dan cuenta de una reflexión filosófica sobre la tragedia del capitalismo --basada en la homónima novela de Don DeLillo-- congruente con el resto de su filmografía, pero en la cual el horror psicológico del autor de Dead Ringers (1988) y la sofisticada perversión del lector de J. G. Ballard en Crash (1996) encuentran la fusión ideal que, por fin, hace de radicales (e impermeables) ejercicios tempranos como la primigenia Stereo (1969) anticipos de un arte abstracto admirablemente capaz de trascender la herencia de Kubrick y su propia condición de piezas sospechosas de (auto)indulgente "arte y ensayo" --con una convicción pasmosa. En el parco, reticente soundtrack, Howard Shore vuelve a formar un asombroso tándem creativo con la banda de indie rock Metric, después de su extraordinaria colaboración para The Twilight Saga: Eclipse (2010).
domingo, 8 de septiembre de 2013
miércoles, 28 de agosto de 2013
Spider Baby (1964)
La "familia" en pleno: Elizabeth (Beverly Washburn), Ralph (Haig), Virginia (Banner) y Bruno (Chaney Jr.)
Jack Hill permanece como un inspirador artesano del celuloide, cuyo talento para la realización se hizo patente en al menos dos o tres sólidos títulos, incluida una sobresaliente
blaxploitation movie con la icónicamente neumática Pam Grier (Coffy, 1973) y la extraordinaria rareza gótica de nuestro comentario. Entre el humor y la muerte, Spider Baby
narra las últimas horas (¿o no?) de una familia de caníbales, muy a la sombra --inevitablemente-- de Hitchcock y su inmediatamente clásica interpretación de la historia de Ed Gein (Psycho, 1960), pero (o precisamente por ello) además premonitoria de The Texas Chain Saw Massacre (1974), o inclusive de Night of
the Living Dead (1968), lo cual puede ser un indicio de su carácter relativamente excepcional.
Película B provista de una fotografía con clase (por decir lo menos), un notable
score de Ronnie Stein (quien acababa de musicalizar otra variación en Psycho, la también reivindicable Dementia 13) y las sorprendentes actuaciones de Lon Chaney Jr., Sid Haig y la
bella Jill Banner (Lolita en su telaraña) --sorprendentes debido a su
enraizamiento en una realidad cuya apariencia profunda se antoja del todo
humana--, sin lugar a dudas se trata de un producto original cuya mezcla de terror y sentido de lo grotesco justifica su atento visionado
--por mucho tiempo virtualmente prohibitivo, lo cual la ha convertido en una causa célebre del cult cinema. El propio Chaney Jr. se encarga de vocalizar la divertida canción principal.
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lunes, 12 de agosto de 2013
The Countess (2009)
Anamaria Marinca y "Erzsébet Báthory"
Escrita, dirigida y aun musicalizada por la
actriz Julie Delpy, esta producción pretende un examen de la dualidad que
alimenta los mitos --casi a lo John Ford, …casi--;
la realidad tras la historia, más o menos ficticia, sin embargo, podría ser más
diabólica e inenarrable. Basada en la legendaria biografía de la infame Condesa
Báthory, una aristócrata tan próxima a Drácula que era mucho más que paisana
del Empalador y que no necesita mayor presentación, la película realista que
Delpy nos ofrece sobre tal tenebrosa pesadilla es, además, intrigante, por
cuanto se puede leer como un melodrama espantoso y certero en su descripción de
la oposición dentro del Eterno Femenino: por un lado, la bruja enamorada de la
juventud y embriagada en su enajenante deseo de ilusoria e inmortal belleza,
cuya falacia infernal debe ser alimentada de la carne y la sangre de (por el
otro lado) niñas púberes y vírgenes, la tierna inocencia de todas las cuales
tiñe de efectiva exasperación indignada a una producción que, sin ser
espectacular ni mucho menos, satisface los requerimientos de una inteligente
reflexión acerca de la complejidad del ser humano, los entresijos de la
feminidad, y las veleidades del poder terrenal en contraste con el no menos inescrutable
misterio de los sortilegios del destino.
miércoles, 24 de julio de 2013
9 Songs (2004)
"Lisa"
Después de que Thomas Vinterberg se embarcarse en su experimental romance abstracto It's All About Love (2003), Michael Winterbottom ensayó esta “verista” historia de amor que,
supuestamente, revolucionaría la escenificación del sexo en el cine mainstream.
En realidad es una película muy pudibunda, con una
actuación sorprendente de su estrella femenina (Margo Stilley, una modelo que aquí
tuvo su primer trabajo fílmico, y que ha vuelto a colaborar con el director en 2010) y, sobre todo, una
estructura musical que jalona la narrativa con presentaciones en vivo de bandas
como Goldfrapp, Franz Ferdinand y Black Rebel Motorcycle Club.
viernes, 12 de julio de 2013
Eyes Wide Shut (1999)
La hondamente fascinante película de Stanley Kubrick --su
póstumo magnum opus, verdadera summa de una filmografía tan breve como
necesaria-- fue y sigue siendo objeto de teorías
conspirativas que refuerzan ese halo más que maldito, terroríficamente inquietante,
nacido para matar los dulces sueños de los hombres tranquilos. Fuese o no
asesinado Kubrick por la CIA debido a su exposición de las sociedades secretas
de los ricos y poderosos, lo cierto es que la infame escena de la orgía, con
ese preludio de satánica misa negra como centro de un abismo, tiñe de maleficio
cada fotograma circundante, desde el inicio hasta el final de un film que hace
bis de Dmitri Shostakovich y de Gyorgy Ligeti. Sin embargo, las exóticas composiciones
musicales para la diabólica mascarada --aquel piano minimalista de Ligeti, con
la obsesiva lentitud de una pesadilla, y un irónico “Strangers in the Night”
instrumental, aparte-- las firmó Jocelyn Pook (autora además de las piezas para
las recurrencias masoquistas del protagonista y el intrigante relato onírico de
su mujer, respectivamente), violinista que también se encargó de la
interpretación en compañía de su Ensemble.
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jueves, 16 de mayo de 2013
How to Steal a Million (1966)
Debo --quiero-- confesar una cierta debilidad
por la siguiente pieza del profeta de la edición invisible, William Wyler, pero
es que se trata además de un film demasiado subvalorado pese a todo (incluida su estima). La hija (Audrey Hepburn) de un talentosísimo
falsificador de obras maestras de la pintura (Hugh Griffith) persuade a un
criminal de guante blanco (Peter O’Toole) para que la ayude a robar una
invaluable Venus supuestamente esculpida por Cellini y en verdad también
falsificada por su reincidente progenitor --a quien hay que reconocer desde ya
la infrecuente virtud de la versatilidad. No es sólo el elenco uno de impecable
nota (O’Toole y la en otras ocasiones edulcorada Hepburn funcionan juntos y por
separado, Griffith no desperdicia un segundo sus dotes carismáticas y también
están Eli Wallach y Marcel Dalio como obsesos coleccionistas), sino que la producción
luce cada dólar de su presupuesto en un diseño sorprendentemente casi devoto y
mimético --sin nunca llegar a los extremos geniales y espirituales de una
Moulin Rouge (1952), por supuesto, que la película de Wyler es sólo una delicia conscientemente trivial--, donde el arte magno de
todos los tiempos (Goya, Renoir, Picasso, Degas, Gauguin, etc.) recibe un
homenaje tangencial pero innegable e inevitablemente inspirador: su contenido, desde los créditos iniciales hasta ese riquísimo
museo-escenario-del-crimen de evidente estirpe keystoniana, es una total falacia
creativa. How to Steal a Million debe ser reconocida, pues (y por lo menos), cual
una comedia de fino empaque, escrita con ingenio y dirigida con elegancia
modélica por uno de los auténticamente grandes realizadores del cine clásico
americano.
Audrey y su descubridor, Wyler, durante el rodaje
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lunes, 29 de abril de 2013
The Fearless Vampire Killers (1967)
2
razones
Antes de filmar la excelente
novela de terror satánico --valga cierta redundancia-- Rosemary’s Baby para el
productor americano Robert Evans, Roman Polanski rodó en Inglaterra, Austria e Italia esta comedia muy
propia sobre vampiros que, claro, sólo podía ser diabólica. No la había vuelto
a ver desde los días de mi niñez, cuando me impresionó tanto, y de hecho los
resultados transmiten inmediatamente una ingenuidad conscientemente tonta, de
modo que no es nada sorprendente que una audiencia más o menos infantil pueda
ser el inesperado objetivo de un film que, por otro lado, no traiciona su
raigambre y obviamente contiene el sexo en particular y el pecado en general
legítimos de su especie. A destacar, pues que no a sacar la estaca debidamente
clavada a nadie (que estos cazavampiros son los campeones de la ineptitud),
además del estrambótico profesor Abronsius (Ambrosio, para el niño que alguna
vez la vio) y la adecuadamente pelirroja e idealizada Sharon Tate, las sumamente
tentadoras turgencias torácicas --y de otras partes también, que estamos
hablando de una bella mujer-- de aquella naturalmente fatal rubia Fiona Lewis (sobresaliente, incontenible en su personaje de criada de taberna), y,
en especial, las macabras armonías del pentagrama de Krzysztof Komeda, toda una
orgía de horror para el oído.
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